No me lo puedo creer. ¿En serio me ha respondido eso? Pues sí , me lo ha dicho y después me ha abrazado con tal fuerza e ímpetu que apenas puedo respirar, pero me da igual, sentir su calor corporal junto a mí me provoca una reacción un tanto rara por mi parte: le devuelvo el abrazo.
Hacía mucho tiempo que alguien no me abrazaba de este modo, ni siquiera mi madre.
A decir verdad, me siento genial así, abrazada a él y bajo el precioso manto anaranjado que cubre el cielo debido a la puesta de sol que estamos presenciando. Transcurridos unos segundos, un escandaloso sonido penetra por mis oídos y produce en mí un distanciamiento inmediato a Eric.Él saca de uno de los bolsillos delanteros de su pantalón un teléfono móvil. Cuando mira la pantalla de este, la sonrisa que tenía plasmada en su rostro se desvanece en un instante.
-Será solo un momento -dice mientras descuelga la llamada y se aleja unos pasos de mí.
La duración de la llamada no se alarga mucho, así que en un par de minutos lo tengo de vuelta a mi lado.
-Era mi madre, tengo que irme ya -relata mientras coge su mochila que estaba en el suelo.- Te acompaño a casa, mayormente porque yo vivo al lado -vuelve a sonreír.
Al llegar a la puerta de mi casa nos despedimos con un frío "adiós" y me introduzco en ella.
A la mañana siguiente, de nuevo en inglés, trabajamos en equipo mucho mejor que el día anterior. Tras esa conversación en la que me prometía no dejarme nunca sola, parece que nos llevamos mejor. Acabamos el trabajo antes de lo esperado. Se lo pasamos a la profesora por e-mail tal y como nos ha indicado. Cuando terminamos, apagamos el ordenador y entablamos una pequeña conversación.
-¿Quieres echarte una foto conmigo? -pregunta mientras saca su cámara.
-¡No! -exclamo extrañada por su proposición.
-¿Por qué no? Dime una razón lo suficientemente convincente como para negarte.
-Porque... Porque... -intento buscar una buena excusa, pero en estos momentos no se me ocurre ninguna- Está bien, me echaré una foto contigo.
Nos echamos la foto, obviamente con cuidado de que no salga el flash, de lo contrario todos se darían cuenta, incluida la maestra. Cuando nos la echamos, Eric la ve en su cámara y le pido que me la enseñe, pero se resiste. Tras mucho insistir acaba cediendo y me la enseña.
-¡Joder! Pero si salgo fatal... -le digo más que todo para ver su reacción, porque la verdad es que no salimos tan mal.
-¿Bromeas? Pero si es increíble -se detiene un momento para visualizar de nuevo la fotografía.- Por eso no te la quería enseñar. Sabía que no te gustaría -empezamos a reírnos intentando no hacer demasiado ruido, aun así, algunas miradas se clavan en nosotros.
En el cambio de clase siguiente a esa hora, algunos chicos y chicas del aula de al lado, también de nuestra edad, vienen hasta la nuestra y nos informan de que hay una chica nueva en su clase.
Salvo esos dos detalles, la mañana transcurre como otra cualquiera.
Más tarde, casi a la hora de cenar, me encuentro sentada en el sofá del salón de casa viendo la televisión. Llaman al timbre de la puerta y viendo que nadie abre, decido hacerlo yo misma. Al abrir me encuentro a Max, el hermano de Eric, que viene buscando a mi hermano, ya qué ahora son amigos. Se lo comunico a Aitor y este dice que le haga pasar y que pronto bajará. Así lo hago. Minutos después, estoy sentada en el mismo sillón en el que estaba anteriormente y con Max al lado.
-He visto la foto que te echaste con mi hermano -hace una breve pausa-, y también mi madre -me dice Max.
En ese momento llega Aitor, y Max se levanta de su asiento. Yo también lo hago.
-¿Ah, sí?¿Y que dijo tu madre? -no sé por qué lo pregunto, pero lo pregunto.
-Dijo que... -balbucea- dijo que te prefiere a ti para ser la novia de mi hermano antes que a su novia actual.
viernes, 22 de julio de 2011
viernes, 1 de julio de 2011
Meme ¡Coge tu libro!
Hola, hago esta entrada debido a que me han nominado para hacerla xD. La persona que me ha nominado es Elenna desde su blog "http://dequetinesmiedo.blogspot.com". La entrada consiste en coger el libro que tengas más cerca e irte a la quinta frase de la página 89. Esa frase es la que tienes que poner en la entrada.
El libro más cercano que tengo en este momento es...
El libro más cercano que tengo en este momento es...
Tengo ganas de ti de Federico Moccia.Y la frase es:
"Una bonita canción decía que es fácil encontrarse incluso
en una gran ciudad."
Ahora tengo que nominar a 5 personas, que son las siguientes:
A Ches Loveless Cross Ivy Seinx por: http://shadowschescross.blogspot.com/
A Marina y Elena por: http://devuelvememisrecuerdos.blogspot.com/
A Princesadehielo por: http://recuerdosdenochesdeverano.blogspot.com/
A Destiny Administration por: http://memoriasdeunfuturoperfecto.blogspot.com/
A Alice Acker por: http://aliceackerlaqsiqtequiere.blogspot.com/
Ya sé que esperáis mi próximo capítulo con entusiasmo, aunque también sé que lo debería de haber subido ya, pero creerme, no se hará mucho de esperar :D
Gracias por seguirme ^^
Besos
sábado, 4 de junio de 2011
Capítulo 3
Me despierto y miro el reloj. Aún queda un cuarto de hora para que suene el despertador, así que decido quedarme tumbada.
Recuerdo lo ocurrido el día anterior con Eric y he de reconocer que no me cae del todo mal, aunque al principio me asustó. Pienso en su pelo rubio, sus ojos azules, su preciosa sonrisa… Pienso en él. Y justo cuando más abstraída estoy, suena el despertador y doy tal sobresalto que por poco no me caigo. Hay que admitirlo: soy un poco patosa.
Me levanto y me arreglo lo más rápido que puedo. Cuando termino, bajo al piso de abajo a desayunar. Hoy, mi madre se ha levantado pronto y me ha preparado el desayuno, cosa que no suele hacer con normalidad. Termino de desayunar y observo el reloj.
–Caitlin ya debería estar aquí –pienso.
Justo en ese momento llaman al timbre.
–Yo voy –digo dirigiéndome hacia la puerta pensando que es Caitlin, pero, al parecer, me equivoco.
–Buenos días –dice Eric esbozando su preciosa sonrisa.
– ¿Qué haces tú aquí? –le pregunto bastante extrañada.
–Me he llegado por ti para que vayamos juntos a clase.
–Pero… yo me voy con Caitlin –consigo pronunciar mientras la veo aparecer a su espalda.
–No importa, nos podemos ir los tres juntos, ¿no? –dice dirigiéndose a Caitlin para presentarse y preguntarle si se puede venir con nosotras, a lo que ella le responde que sí.
En el trayecto de camino al instituto, estoy mucho más aburrida que de costumbre, ya que Caitlin le está haciendo una especie de interrogatorio a Eric y me están ignorando.
Al entrar en clase, Eric se dirige a su pupitre mientras que mis amigas y yo nos reunimos en el mío para poder hablar un rato antes de que empiece la clase.
– ¿Y bien? –pregunta Caitlin mirándome con curiosidad.
– ¿Qué?
– ¿Cómo os habéis conocido Eric y tú? –sigue insistiendo.
–Lo conocí ayer, justo en el momento en el que el profesor lo presentó delante de todos.
–¿A sí? Entonces, ¿Por qué se ha llegado por ti para venir juntos a clase? Y lo más raro de todo, ¿cómo sabe dónde vives?
–¿Esto qué es un interrogatorio? –digo con tono sarcástico.
–¡Contesta! –exclaman las tres a coro acercándose aún más a mí.
–Está bien, os lo contaré todo…–les cuento lo ocurrido la noche anterior.
–¡Qué fuerte! –exclama Michelle cuando termino de contar lo ocurrido.
–¿En serio pasó eso? –pregunta Liss.
–Sí, ¿para qué iba a mentiros? –estallamos las cuatro en una carcajada.
El profesor entra en clase y todos se sientan en sus sitios correspondientes.
El resto del día transcurre con normalidad, incluso, parece que Eric me dejará en paz, porque hoy, de vuelta a casa, se ha ido con sus nuevos amigos, es decir, los chicos creídos de mi clase. Obviamente prefiero que se junte con ellos a que se venga con nosotras, pero, sinceramente, no me gustan las compañías con las que se empieza a juntar.
Al día siguiente, me despierto a causa de la luz que entra por la ventana, que para ser las siete de la mañana, hay demasiada. Miro el reloj y al ver la hora me levanto rápidamente. Son las ocho y cuarto y las clases comienzan a las ocho y media.
–Genial –pienso– tengo quince minutos para estar lista.
Justo entonces llaman al timbre y me dirijo a la puerta en pijama y despeinada. Solo espero que no sea Eric.
Al abrir veo a Caitlin al otro lado de la puerta sonriendo, pero cambia de expresión cuando se percata de que aún no estoy vestida.
Le cuanto lo ocurrido y le digo que se vaya, ya que no quiero que ella llegue tarde por mi culpa.
Me arreglo en menos tiempo del que pensaba que lo podría hacer. Voy a la cocina, cojo una manzana y salgo de casa con cuidado de no dar un portazo. La manzana me la como por el camino porque no me da tiempo de tomar un desayuno más variado.
Al llegar al instituto todavía no ha tocado el timbre que indica el comienzo de las clases, pero aún así, me doy prisa por entrar en clase. Justo cuando me introduzco en clase, escucho una voz cercana a mí que dice “¡Sonríe!” y noto cómo un flash me deslumbra a escasos centímetros de mi cara.
Al abrir los ojos aprecio que ha sido Eric, que me acaba de fotografiar con su cámara. Él mira la pantalla de ésta y suelta tal carcajada que hace que me ruborice. Se la enseña a sus amigos y estos lo imitan, así que, decido intervenir.
–¿Se puede saber que haces? –grito.
–No te preocupes encanto, que no sales tan mal –dice con una sonrisa burlona.
–¡Cretino! –tras decir esto último él sigue sonriendo con cara de alelado pero toda la gente aquí presente, que es mucha, empieza a abuchear.
El profesor entra en clase y todos nos sentamos haciendo mucho ruido. Él comienza a explicar nada más llegar, pero hasta diez minutos más tarde, no consigue que estemos totalmente en silencio. La hora se acaba.
–Por fin, pensé que nunca se terminaría –digo mientras Caitlin y yo nos giramos para poder hablar con Michelle y Liss, que están situadas justo detrás de nosotras–. ¿Qué tenemos ahora?
–Ahora tenemos… –contesta Michelle mientras mira el horario en su agenda– Inglés.
–¡Genial! –exclama Liss.
–Claro, tu quieres tener inglés porque te gusta y lo entiendes, pero a mi… –suelta Caitlin desilusionándose por momentos.
Llega la profesora, suelta su carpeta en la mesa y dice:
–Chicos, tengo que comunicaros algo que probablemente no os guste –resopla– vais a tener que hacer un trabajo por parejas, ya que con los resultados que tenéis no es suficiente para poner la nota de vuestra evaluación.
Todos nos quedamos indignados y la delegada se queja, pero es en vano. Tendremos que hacer el maldito trabajo.
–Este trabajo lo vais a hacer, como ya he dicho antes, por parejas. Sé que otras veces os he dejado que vosotros elijáis a vuestro compañero, pero esta vez no será así, las he elegido yo –dice mientras se dirige a la mesa y abre su carpeta–. Los grupos son los siguientes: Diana Shilton y… –titubea– Eric Lambert.
No, con él, no. Me da igual que me pongan con cualquier persona, pero en este momento, con él, no. Seguramente estará todo el rato riéndose de mí, aunque ahora que lo pienso, me da igual.
Dirijo mi mirada en su dirección y me percato de que él me está mirando mientras sonríe. Cuando se da cuenta de que yo también lo observo, hace una especie de mueca como de mandarme un beso. Aprecio cómo mis mejillas se van poniendo coloradas. Él también lo nota. Sonríe.
La profesora termina de decir todas las parejas para los grupos.
–Ahora, sentaos por parejas con el compañero que os he dicho– sigue hablando–. Yo voy a ir por el carro de los ordenadores portátiles.
Caitlin se va con su compañera, otra chica de la clase, y Eric se sienta a mi lado. Empieza a observarme fijamente, pero yo lo ignoro. Cuando llega la profesora, Eric va a por un portátil para los dos. Lo enciende y pregunta:
–¿Qué hacemos?
–Eso –digo mientras tuerzo mi cabeza en torno a la pizarra. Está apuntado lo que tenemos que hacer paso por paso.
Eric intenta hacer lo que puede, pero no es suficiente. El inglés no es lo suyo.
Cojo el ordenador y comienzo a buscar la información requerida. Encuentro lo que busco y cuando acabo de empezar a redactar, suena el timbre. La profesora se lleva los ordenadores y Caitlin se sienta a mi lado.
Más tarde, en el descanso, nos sentamos las cuatro en un banco del patio de recreo. Ellas conversan sobre los trabajos de inglés y yo me limito a escuchar. Liss me pregunta por cómo llevamos nosotros la redacción y en ese momento pasan los amigos de Eric por nuestro lado y se sientan en el banco situado cerca del nuestro.
–El nuestro apenas tiene una línea –hago una breve pausa para mirar de reojo a Eric–. Supongo que tendremos que quedar para hacerlo juntos.
–¿Habéis quedado? –pregunta Michelle.
–No, aún no –prosigo.
–Pues ahora tienes la oportunidad perfecta.
Les hago caso y mis pies me conducen hasta él. Cuando me percato de ello estoy delante de Eric.
–Tengo que hablar contigo –consigo pronunciar.
–¡Habla! –me dice sin ni siquiera levantarse–. Mis amigos pueden escuchar lo que me tengas que decir, a no ser que… quieras pedirme que salga contigo –todos ríen en escandalosas carcajadas.
–¡No! –grito– Solo era para quedar contigo para hacer el trabajo de inglés.
–¡Ah! Es eso… –dice algo desanimado.
–¿Te parece bien a la hora de la salida en la entrada principal?
–Sí –responde sin dejar de observarme fijamente.
Me marcho sin tan siquiera despedirme.
El resto de la mañana transcurre sin ningún otro contratiempo. Cuando suena el timbre de salida, yo me quedo en el sitio acordado con Eric. Transcurridos algunos minutos llega. Nos dirigimos a la biblioteca del centro y elegimos una mesa cercana a un ventanal, para ver el paisaje que se divisa tras este. Pasadas dos horas de “intenso” trabajo, la redacción está prácticamente terminada, aunque todavía falta el toque final.
–¿Por qué no vamos un rato al jardín? –pregunta Eric mirando al exterior– Hace un día perfecto para estar al aire libre.
–Pero… tenemos que terminar esto –digo señalando nuestra composición.
–Lo podemos terminar luego –comienza a sonreír–. Solo estaremos un rato.
Intenta convencerme con todas sus ganas y, al final, lo consigue. Hace un día demasiado perfecto como para desaprovecharlo.
Salimos al jardín y nos sentamos a la sombra de un árbol. Eric se sitúa cerca de mí.
–¿Sabes? Me quedaría así para toda la vida –dice Eric sin dejar de mirar el precioso manto celeste que cubre el cielo.
–¿A sí? Pues yo estaría mejor sin ti –digo mientras me percato de que Eric ha dejado de mirar al cielo para mirarme a mí.
–En ese caso… me voy –relata mientras se levanta y da unos pasos en dirección contraria al árbol en el que estábamos.
–¡Espera! –me levanto apresuradamente–. Por favor, no te vayas –él se gira– No me dejes sola otra vez, como aquella noche en la puerta de mi casa –añado con la cabeza gacha.
Eric se aproxima hacia mí hasta que su cara está a escasos centímetros de la mía.
–No te preocupes, no me voy a ir –se acerca aún más a mí y me abraza de tal manera que sus labios rozan mi oreja–. Mientras yo esté aquí, nunca más estarás sola.
domingo, 27 de marzo de 2011
CAPÍTULO 2
Sin que me dé tiempo a preguntarle qué pasa ella me lo dice:
-¡Han llegado vecinos nuevos!
-¿Vecinos nuevos?- dije extrañada, ya que desde que tengo uso de razón nunca ha venido nadie nuevo al barrio.
-Sí, como lo oyes. No sé nada de ellos, de momento, pero ya lo averiguaré todo sobre sus vidas.
-Mamá, ¿por qué eres tan cotilla?
-Yo no soy cotilla, solo me preocupo por los nuevos vecinos.
-Si claro- digo con tono sarcástico.
-Voy a ver…-dice abriendo la puerta de la entrada y asomándose por ella- Ahí está la señora McAfee, voy a preguntarle si sabe algo nuevo sobre los vecinos- y se va dando un portazo.
Subo a mi cuarto. Al entrar suelto todas las cosas en un rincón y me tumbo en la cama bruscamente. Me quedo así durante unos segundos, quizá minutos, pensando en todo lo acontecido en el día. Después me levanto y comienzo a hacer los deberes. Más tarde oigo otro portazo que viene desde abajo, seguramente sea mi madre que acaba de llegar y, por lo que veo, no me equivoco, ya que me está llamando.
-¡Diana!- grita.
-¿Qué quieres mamá?
-¿Puedes bajar un momento?
-Estoy haciendo los deberes.
-Ah, bueno. Pues cuándo termines bajas.
Y no respondo dando por entendido que así lo haré. Cuando termino los deberes preparo la mochila con los libros y el material necesario para el siguiente día. Al bajar mi madre me obliga a que vaya a hacer la compra con ella y, obviamente, voy.
Al salir de casa un coche pasa delante de mí y todas las personas que había dentro se me quedan mirando. Le pregunto a mi madre quiénes son y me contesta, para mi sorpresa, que ellos son los nuevos vecinos. No me lo esperaba para nada.
-Ellos son los vecinos y su hijo, pero creo que también tienen otro aunque de él no sé nada- sigue hablando mi madre- ése es de la edad de tu hermano pero el otro no tengo ni idea.
Y seguimos el resto del camino calladas. Sólo conversamos, en el supermercado, sobre lo que teníamos que comprar. Después me ayuda a llevar la compra a casa y se fue, otra vez, a la casa de la vecina.
Yo no le di demasiada importancia a lo que me había contado mi madre sobre los nuevos vecinos pero tenía bastante curiosidad ya que, al parecer, ellos también la tienen de mí por la forma en que me miraron antes.
Al salir mi madre empecé a buscar habitación por habitación para averiguar si mi hermano se encontraba en casa. Cuando comprobé que estaba sola me llené de alegría. En realidad no me gusta mucho estar sola pero hay días en que necesitas estarlo, aunque sólo sea un rato, y hoy es uno de ellos.
Subo a mi cuarto y cojo algo cómodo para ponerme y las zapatillas de casa. Cuando lo tengo todo preparado me encierro en el baño. Espero a que la bañera se llene de agua caliente. Normalmente me ducho pero hoy estoy agotada y necesito un buen baño. Al terminar de llenarse la bañera me introduzco en ella. Noto cómo me voy relajando poco a poco hasta que me quedo dormida. Cuando me despierto alguien está aporreando la puerta. Me levanto de un sobresalto a causa del susto y me pongo el albornoz. Me quedo mirando la puerta sin decir nada hasta que, no sé cómo, la voz me sale de la garganta.
-¿Quién es?- pregunté.
La persona deja de golpear la puerta pero no contesta y yo sigo insistiendo:
-¿Quién está llamando a la puerta?
Silencio. Entonces salgo de la bañera y me dirijo hacia la salida bastante asustada. Cuando llego a la puerta quito el pestillo y voy abriéndola lentamente hasta que veo la silueta de una persona. Él enciende la luz del pasillo dejando que vea su rostro
-¿Se puede saber cuánto tiempo vas a tardar en ducharte?- dice mi hermano- llevo media hora esperando a que salgas- miro el reloj y me sorprendo al darme cuenta de que llevo más de una hora metida en el baño.
-Espera que me vista- respondo cerrando la puerta.
Me visto todo lo rápido que puedo y cuando salgo, Aitor sigue reprochándome mi tardanza pero yo lo ignoro. Decido bajar a la sala de estar a ver un rato la televisión para intentar distraerme, y lo consigo. Incluso me divierte. Pero justo cuando estaba en lo mejor del programa llega mi madre y se dirige hacia mí.
-He averiguado más cosas sobre los vecinos- y calla esperando a que yo le pregunte, pero no lo hago. Aún así, ella sigue hablando- Es la familia Lambert, también sé que ella es maestra porque, al parecer, ha mandado su currículum a todos los colegios de la zona y su esposo, el señor Lambert, trabaja en la nueva empresa que han abierto en el barrio, seguramente sea ese el motivo por el que se han mudado aquí.
-¿Y sabes algo sobre sus hijos?- le pregunto bastante interesada.
-Solo sé que tienen dos hijos. El que es de la edad de tu hermano creo que se llama Max, pero de su hermano no sé nada.
Y me quedo callada dando por hecho que no me interesa nada más sobre los vecinos. Mi madre abandona la sala y vuelvo a clavar mi atención en la televisión, aunque realmente sigo pensando en ese chico del cual mi madre no sabe nada.
Transcurridos unos minutos, llega mi madre y comienza a hablarme.
-Diana vístete y ve al supermercado, que se me ha olvidado comprar un paquete de sal.
-¡¿Qué?!- digo con indignación.
-Sí, me has oído perfectamente. Date prisa en ir que pronto cerrarán- y se va dejándome con la palabra en la boca.
Subo a mi cuarto y me pongo lo primero que veo: unos pantalones vaqueros, una camiseta blanca, una sudadera negra y mis zapatillas a conjunto. Cuando bajo mi madre me da el dinero.
-No tardes- me dice cuando estoy saliendo por la puerta.
Cierro de un portazo. Encima que me obliga a que vaya, tengo que ir deprisa. Voy lo más rápido que puedo y al llegar me dirijo directamente al estante en el que está la sal. Cojo el paquete y me encamino a la caja para pagar. Cuando, por fin, he terminado salgo del supermercado.
Al dar unos cuantos pasos fuera de la tienda, noto una presencia detrás de mí. Si me girara se notaría que estoy un poco asustada, así que no lo hago. Los pasos se van acercando. Yo aligero el paso y la persona que hay detrás de mí, también. Cada vez voy más deprisa, incluso, me estoy planteando echarme a correr. Pero en vez de eso, paro en seco y me giro. Y lo veo a allí, a escasos centímetros de mí. Se da cuenta de que me paro y él también lo hace. Nos quedamos unos segundos mirándonos a los ojos.
-¿Quién eres?- pregunto. No me acuerdo de quién es, pero su cara me suena muchísimo.
-Hola. Soy Eric, Eric Lambert- dice mientras entorna una preciosa sonrisa- Encantado de conocerte, aunque creo que ya nos conocíamos, ¿no?
¡Ah claro! Es Eric el chico nuevo que ha llegado hoy a mi clase, pero…ese apellido me resulta familiar.
-Hola. Yo soy Diana Shilton y sí, sí nos conocemos. Hoy has llegado nuevo a mi clase- intento sonreír pero aún no se me olvida el susto- ¿Por qué me estabas persiguiendo?
-No te perseguía, me dirijo a mi casa- dice.
-Yo también voy a mi casa.
-Podríamos ir juntos- cuando dice esto último acerca su rostro al mío, tanto que noto su aliento en mi oreja- si tu quieres- me susurra.
-Claro- digo mientras me alejo un poco de él.
Tras decir eso, seguimos nuestro camino de vuelta a casa. No sé exactamente hacia donde se dirige él, supongo que a su casa, a no ser que me esté siguiendo para averiguar donde vivo. Pero descarto esa posibilidad. ¿Para qué querrá él saber donde vive una chica a la que acaba de conocer? Para nada.
Seguimos caminando y cuando estoy justo en la puerta de casa me detengo y digo:
-Yo me quedo aquí.
-¿Aquí por qué?- pregunta.
-Esta es mi casa- respondo.
-No me lo puedo creer…
-¿El qué no te puedes creer?- pregunto con curiosidad.
-Que esta es tu casa y la mía es esa- dice señalando la casa que hay justo al lado de la mía.
-¿Tú te acabas de mudar aquí?- pregunto, temiendo escuchar la respuesta.
-Sí- la respuesta ha llegado y era la que yo me temía que contestara.
¡Qué fuerte! Aún no me lo puedo creer. Eric, el chico nuevo que ha llegado a mi clase, es mi vecino.
-Diana, será mejor que nos vayamos ya. Ha sido un placer conocerte- dice, y se va acercando poco a poco hasta que su nariz casi roza con la mía- Buenas noches, vecina- al decir eso sonríe y se gira. Yo me quedo quieta observándolo hasta que entra en su casa. Al cerrarse la puerta de su casa, yo reacciono y entro en la mía.
Cuando entro, le cuento a mi madre lo ocurrido con Eric y ella se queda muy sorprendida, aunque no tanto como yo.
jueves, 24 de febrero de 2011
CAPÍTULO 1
Suena el despertador a las seis de la madrugada, tal y como lo puse anoche ya que hoy tengo un examen de Física y no estoy segura de sabérmelo todo. Cinco minutos más tarde me encuentro sentada en la cama y no sé por qué pero tengo el presentimiento de que hoy va a ser un día largo y difícil.
Cuando, por fin, consigo levantarme de la cama me siento en mi escritorio, enciendo el flexo que hay encima de este y comienzo a repasar.
Cuando son las siete y cuarto cierro el libro. Ya estoy cansada de Física. Me levanto de la silla, abro el armario y me quedo delante pensando en qué me voy a poner hoy. Al fin decido ponerme mi pantalón pitillo azul marino, una camiseta blanca lisa de manga corta, mi cazadora vaquera y unos zapatos blancos. El pelo me lo dejo suelto. Cuando acabo de vestirme termino de preparar mi mochila metiendo el libro de Física. También preparo un bolso en el que meto un chándal, mis deportivas, ropa interior limpia, una toalla y un bote de gel ya que hoy tengo Educación Física y después me daré una ducha.
Cuando lo tengo todo preparado salgo de mi habitación y voy hacia la cocina para desayunar. Aún está amaneciendo y no hay demasiada luz en la cocina pero aún así no enciendo la luz para no despertar a nadie. Más tarde estoy untándome la mantequilla en las tostadas y de repente me llega alguien por detrás acercándose tanto que sus labios rozan mi oreja y dice:
- ¡Buh!
- ¡Aaaah!- grité dando un respingo hacia atrás y cayéndose de esta manera las tostadas al suelo.
Al girarme veo a Aitor, mi hermano, detrás de mi riéndose a carcajadas. Entre los dos recogemos lo que he ensuciado por su culpa y volvemos a preparar el desayuno.
Después de terminar de desayunar y recogerlo todo me encuentro viendo la televisión mientras llega Caitlin, una de mis amigas, que vive cerca de mi casa y siempre nos vamos juntas al instituto. Viendo que no llega decido llamarla por teléfono.
- Diga- dice la madre de Caitlin descolgando el teléfono.
- Buenos días Sra. Smith solo llamaba para saber si Caitlin va a venir hoy al instituto.
- Buenos días Diana. No, Caitlin hoy se ha levantado indispuesta y no va a asistir a clase.
-De acuerdo. Gracias, adiós- digo colgando el teléfono.
Más tarde estoy caminando sola en la acera intentándome acordar de las preguntas del examen de Física. Paso delante de dos chicos, con muy malas pintas, que estaban sentados en el bordillo del escaparate de una tienda con una lata de cerveza en la mano y un cigarrillo, todavía apagado, apoyado detrás de la oreja. Sinceramente no sé cómo pueden levantarse tan temprano solamente para sentarse en cualquier sitio a beber. Parece que aún no están muy ebrios porque al pasar delante de ellos empiezan a hablar.
- ¡Fiu fiuuh!- chifla uno de ellos.
- Yo a esa le hacia más de un favor- dice el otro y empiezan a reírse como locos.
Al decir eso último me paro delante de ellos, me quedo mirándolos con indignación y añado:
-¡Eh, tú! ¿Por qué no te buscas una novia a la que hacerle esos “favores”?- y acto seguido me doy la vuelta y sigo caminando. A mi espalda escucho insultos dirigidos seguramente a mi pero como provienen de ellos me trae sin cuidado lo que puedan decirme.
Al cruzar la esquina de la calle del instituto veo a Liss y Michelle, mis otras amigas, en la puerta de este esperándome. Michelle levanta el brazo izquierdo, donde tiene el reloj, y con el dedo índice de la otra mano lo señala queriéndome decir que me de prisa. Cuando llego hasta ellas digo:
- Perdonad el retraso.
- No pasa nada- dice Liss.
- Pero gracias a ti llegaremos tarde a clase- dice Michelle bastante seria, pero después esboza una pequeña sonrisa- Pero da igual si llegamos tarde- y nos empezamos a reír todas.
Mientras que llegamos hasta nuestra clase Michelle empieza a hablar otra vez.
- Oye Diana, ¿dónde está Caitlin?
- Hoy no viene, está enferma. Viendo que tardaba tanto la llamé y su madre me lo dijo.
- ¿Y el examen de Física?
- Supongo que lo hará otro día.
Y seguimos así caminando hasta llegar a clase.
Volviendo a casa recuerdo todo lo que me ha pasado en el día y déjame decir que en mi suposición de esta mañana no me equivocaba en nada, hoy ha sido un día horrible.
Para empezar me dieron un suspenso en un examen de Latín, idioma que odio. Después, el examen de Física me salió bastante mal, por no decir muy mal, así que seguramente esté también suspenso. Luego, en Educación Física, cuando todos estábamos corriendo, mis enemigas de la clase, Sarah y Eva, me hicieron una zancadilla y, obviamente, me caí. Todos se estaban riendo de mí así que corrí a encerrarme en el baño para llorar, por suerte mis amigas vinieron detrás de mí para consolarme y finalmente lo lograron. Para colmo, cuando volvía a casa mi hermano pasó por mi lado y me empujó, por poco no me caigo, otra vez, pero aún así sus amigos se rieron de mí.
Ese ha sido mi “genial” día de hoy. Aunque, pensándolo mejor, sí ha habido algo bueno, hoy a llegado un compañero nuevo. La verdad que no le he prestado mucha atención cuando se ha presentado, solo sé lo imprescindible, se llama Eric y tiene dieciséis años. En realidad yo tengo quince pero este año cumplo los dieciséis. La verdad es que Eric es bastante guapo lo malo es que se ha empezado a juntar con unos chicos bastante gamberros que hay en mi clase y, aunque el chico se vea bastante amable y simpático, si sigue con esas compañías no le espera nada bueno.
Al llegar a casa me sorprende que mi madre venga a mi encuentro. Sólo viene a recibirme por dos opciones: o va a pedirme algo o ha pasado algo importante. Y la verdad que sea lo que sea me preocupa.
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