domingo, 27 de marzo de 2011

CAPÍTULO 2

 Sin que me dé tiempo a preguntarle qué pasa ella me lo dice:
 -¡Han llegado vecinos nuevos!
 -¿Vecinos nuevos?- dije extrañada, ya que desde que tengo uso de razón nunca ha venido nadie nuevo al barrio.
 -Sí, como lo oyes. No sé nada de ellos, de momento, pero ya lo averiguaré todo sobre sus vidas.
 -Mamá, ¿por qué eres tan cotilla?
 -Yo no soy cotilla, solo me preocupo por los nuevos vecinos.
 -Si claro- digo con tono sarcástico.
 -Voy a ver…-dice abriendo la puerta de la entrada y asomándose por ella- Ahí está la señora McAfee, voy a preguntarle si sabe algo nuevo sobre los vecinos- y se va dando un portazo.

 Subo a mi cuarto. Al entrar suelto todas las cosas en un rincón y me tumbo en la cama bruscamente. Me quedo así durante unos segundos, quizá minutos, pensando en todo lo acontecido en el día. Después me levanto y comienzo a hacer los deberes. Más tarde oigo otro portazo que viene desde abajo, seguramente sea mi madre que acaba de llegar y, por lo que veo, no me equivoco, ya que me está llamando.
 -¡Diana!- grita.
 -¿Qué quieres mamá?
 -¿Puedes bajar un momento?
 -Estoy haciendo los deberes.
 -Ah, bueno. Pues cuándo termines bajas.
 Y no respondo dando por entendido que así lo haré. Cuando termino los deberes preparo la mochila con los libros y el material necesario para el siguiente día. Al bajar mi madre me obliga a que vaya a hacer la compra con ella y, obviamente, voy.
 Al salir de casa un coche pasa delante de mí y todas las personas que había dentro se me quedan mirando. Le pregunto a mi madre quiénes son y me contesta, para mi sorpresa, que ellos son los nuevos vecinos. No me lo esperaba para nada.
 -Ellos son los vecinos y su hijo, pero creo que también tienen otro aunque de él no sé nada- sigue hablando mi madre- ése es de la edad de tu hermano pero el otro no tengo ni idea.
 Y seguimos el resto del camino calladas. Sólo conversamos, en el supermercado, sobre lo que teníamos que comprar. Después me ayuda a llevar la compra a casa y se fue, otra vez, a la casa de la vecina.
 Yo no le di demasiada importancia a lo que me había contado mi madre sobre los nuevos vecinos pero tenía bastante curiosidad ya que, al parecer, ellos también la tienen de mí por la forma en que me miraron antes.

Al salir mi madre empecé a buscar habitación por habitación para averiguar si mi hermano se encontraba en casa. Cuando comprobé que estaba sola me llené de alegría. En realidad no me gusta mucho estar sola pero hay días en que necesitas estarlo, aunque sólo sea un rato, y hoy es uno de ellos.
 Subo a mi cuarto y cojo algo cómodo para ponerme y las zapatillas de casa. Cuando lo tengo todo preparado me encierro en el baño. Espero a que la bañera se llene de agua caliente.       Normalmente me ducho pero hoy estoy agotada y necesito un buen baño. Al terminar de llenarse la bañera me introduzco en ella. Noto cómo me voy relajando poco a poco hasta que me quedo dormida. Cuando me despierto alguien está aporreando la puerta. Me levanto de un sobresalto a causa del susto y me pongo el albornoz. Me quedo mirando la puerta sin decir nada hasta que, no sé cómo, la voz me sale de la garganta.
 -¿Quién es?- pregunté.
 La persona deja de golpear la puerta pero no contesta y yo sigo insistiendo:
 -¿Quién está llamando a la puerta?
 Silencio. Entonces salgo de la bañera y me dirijo hacia la salida bastante asustada. Cuando llego a la puerta quito el pestillo y voy abriéndola lentamente hasta que veo la silueta de una persona. Él enciende la luz del pasillo dejando que vea su rostro
 -¿Se puede saber cuánto tiempo vas a tardar en ducharte?- dice mi hermano- llevo media hora esperando a que salgas- miro el reloj y me sorprendo al darme cuenta de que llevo más de una hora metida en el baño.
 -Espera que me vista- respondo cerrando la puerta.

 Me visto todo lo rápido que puedo y cuando salgo, Aitor sigue reprochándome mi tardanza pero yo lo ignoro. Decido bajar a la sala de estar a ver un rato la televisión para intentar distraerme, y lo consigo. Incluso me divierte. Pero justo cuando estaba en lo mejor del programa llega mi madre y se dirige hacia mí.
 -He averiguado más cosas sobre los vecinos- y calla esperando a que yo le pregunte, pero no lo hago. Aún así, ella sigue hablando- Es la familia Lambert, también sé que ella es maestra porque, al parecer, ha mandado su currículum a todos los colegios de la zona y su esposo, el señor Lambert, trabaja en la nueva empresa que han abierto en el barrio, seguramente sea ese el motivo por el que se han mudado aquí.
 -¿Y sabes algo sobre sus hijos?- le pregunto bastante interesada.
 -Solo sé que tienen dos hijos. El que es de la edad de tu hermano creo que se llama Max, pero de su hermano no sé nada.
 Y me quedo callada dando por hecho que no me interesa nada más sobre los vecinos. Mi madre abandona la sala y vuelvo a clavar mi atención en la televisión, aunque realmente sigo pensando en ese chico del cual mi madre no sabe nada.

 Transcurridos unos minutos, llega mi madre y comienza a hablarme.
 -Diana vístete y ve al supermercado, que se me ha olvidado comprar un paquete de sal.
 -¡¿Qué?!- digo con indignación.
 -Sí, me has oído perfectamente. Date prisa en ir que pronto cerrarán- y se va dejándome con la palabra en la boca.

 Subo a mi cuarto y me pongo lo primero que veo: unos pantalones vaqueros, una camiseta blanca, una sudadera negra y mis zapatillas a conjunto. Cuando bajo mi madre me da el dinero.
 -No tardes- me dice cuando estoy saliendo por la puerta.

 Cierro de un portazo. Encima que me obliga a que vaya, tengo que ir deprisa. Voy lo más rápido que puedo y al llegar me dirijo directamente al estante en el que está la sal. Cojo el paquete y me encamino a la caja para pagar. Cuando, por fin, he terminado salgo del supermercado.
 Al dar unos cuantos pasos fuera de la tienda, noto una presencia detrás de mí. Si me girara se notaría que estoy un poco asustada, así que no lo hago. Los pasos se van acercando. Yo aligero el paso y la persona que hay detrás de mí, también. Cada vez voy más deprisa, incluso, me estoy planteando echarme a correr. Pero en vez de eso, paro en seco y me giro. Y lo veo a allí, a escasos centímetros de mí. Se da cuenta de que me paro y él también lo hace. Nos quedamos unos segundos mirándonos a los ojos.

 -¿Quién eres?- pregunto. No me acuerdo de quién es, pero su cara me suena muchísimo.
 -Hola. Soy Eric, Eric Lambert- dice mientras entorna una preciosa sonrisa- Encantado de conocerte, aunque creo que ya nos conocíamos, ¿no?
 ¡Ah claro! Es Eric el chico nuevo que ha llegado hoy a mi clase, pero…ese apellido me resulta familiar.
 -Hola. Yo soy Diana Shilton y sí, sí nos conocemos. Hoy has llegado nuevo a mi clase- intento sonreír pero aún no se me olvida el susto- ¿Por qué me estabas persiguiendo?
 -No te perseguía, me dirijo a mi casa- dice.
 -Yo también voy a mi casa.
 -Podríamos ir juntos- cuando dice esto último acerca su rostro al mío, tanto que noto su aliento en mi oreja- si tu quieres- me susurra.
 -Claro- digo mientras me alejo un poco de él.

 Tras decir eso, seguimos nuestro camino de vuelta a casa. No sé exactamente hacia donde se dirige él, supongo que a su casa, a no ser que me esté siguiendo para averiguar donde vivo. Pero descarto esa posibilidad. ¿Para qué querrá él saber donde vive una chica a la que acaba de conocer? Para nada.

 Seguimos caminando y cuando estoy justo en la puerta de casa me detengo y digo:
 -Yo me quedo aquí.
 -¿Aquí por qué?- pregunta.
 -Esta es mi casa- respondo.
 -No me lo puedo creer…
 -¿El qué no te puedes creer?- pregunto con curiosidad.
 -Que esta es tu casa y la mía es esa- dice señalando la casa que hay justo al lado de la mía.
 -¿Tú te acabas de mudar aquí?- pregunto, temiendo escuchar la respuesta.
 -Sí- la respuesta ha llegado y era la que yo me temía que contestara.

 ¡Qué fuerte! Aún no me lo puedo creer. Eric, el chico nuevo que ha llegado a mi clase, es mi vecino.
 -Diana, será mejor que nos vayamos ya. Ha sido un placer conocerte- dice, y se va acercando poco a poco hasta que su nariz casi roza con la mía- Buenas noches, vecina- al decir eso sonríe y se gira. Yo me quedo quieta observándolo hasta que entra en su casa. Al cerrarse la puerta de su casa, yo reacciono y entro en la mía.

 Cuando entro, le cuento a mi madre lo ocurrido con Eric y ella se queda muy sorprendida, aunque no tanto como yo.
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