Me despierto y miro el reloj. Aún queda un cuarto de hora para que suene el despertador, así que decido quedarme tumbada.
Recuerdo lo ocurrido el día anterior con Eric y he de reconocer que no me cae del todo mal, aunque al principio me asustó. Pienso en su pelo rubio, sus ojos azules, su preciosa sonrisa… Pienso en él. Y justo cuando más abstraída estoy, suena el despertador y doy tal sobresalto que por poco no me caigo. Hay que admitirlo: soy un poco patosa.
Me levanto y me arreglo lo más rápido que puedo. Cuando termino, bajo al piso de abajo a desayunar. Hoy, mi madre se ha levantado pronto y me ha preparado el desayuno, cosa que no suele hacer con normalidad. Termino de desayunar y observo el reloj.
–Caitlin ya debería estar aquí –pienso.
Justo en ese momento llaman al timbre.
–Yo voy –digo dirigiéndome hacia la puerta pensando que es Caitlin, pero, al parecer, me equivoco.
–Buenos días –dice Eric esbozando su preciosa sonrisa.
– ¿Qué haces tú aquí? –le pregunto bastante extrañada.
–Me he llegado por ti para que vayamos juntos a clase.
–Pero… yo me voy con Caitlin –consigo pronunciar mientras la veo aparecer a su espalda.
–No importa, nos podemos ir los tres juntos, ¿no? –dice dirigiéndose a Caitlin para presentarse y preguntarle si se puede venir con nosotras, a lo que ella le responde que sí.
En el trayecto de camino al instituto, estoy mucho más aburrida que de costumbre, ya que Caitlin le está haciendo una especie de interrogatorio a Eric y me están ignorando.
Al entrar en clase, Eric se dirige a su pupitre mientras que mis amigas y yo nos reunimos en el mío para poder hablar un rato antes de que empiece la clase.
– ¿Y bien? –pregunta Caitlin mirándome con curiosidad.
– ¿Qué?
– ¿Cómo os habéis conocido Eric y tú? –sigue insistiendo.
–Lo conocí ayer, justo en el momento en el que el profesor lo presentó delante de todos.
–¿A sí? Entonces, ¿Por qué se ha llegado por ti para venir juntos a clase? Y lo más raro de todo, ¿cómo sabe dónde vives?
–¿Esto qué es un interrogatorio? –digo con tono sarcástico.
–¡Contesta! –exclaman las tres a coro acercándose aún más a mí.
–Está bien, os lo contaré todo…–les cuento lo ocurrido la noche anterior.
–¡Qué fuerte! –exclama Michelle cuando termino de contar lo ocurrido.
–¿En serio pasó eso? –pregunta Liss.
–Sí, ¿para qué iba a mentiros? –estallamos las cuatro en una carcajada.
El profesor entra en clase y todos se sientan en sus sitios correspondientes.
El resto del día transcurre con normalidad, incluso, parece que Eric me dejará en paz, porque hoy, de vuelta a casa, se ha ido con sus nuevos amigos, es decir, los chicos creídos de mi clase. Obviamente prefiero que se junte con ellos a que se venga con nosotras, pero, sinceramente, no me gustan las compañías con las que se empieza a juntar.
Al día siguiente, me despierto a causa de la luz que entra por la ventana, que para ser las siete de la mañana, hay demasiada. Miro el reloj y al ver la hora me levanto rápidamente. Son las ocho y cuarto y las clases comienzan a las ocho y media.
–Genial –pienso– tengo quince minutos para estar lista.
Justo entonces llaman al timbre y me dirijo a la puerta en pijama y despeinada. Solo espero que no sea Eric.
Al abrir veo a Caitlin al otro lado de la puerta sonriendo, pero cambia de expresión cuando se percata de que aún no estoy vestida.
Le cuanto lo ocurrido y le digo que se vaya, ya que no quiero que ella llegue tarde por mi culpa.
Me arreglo en menos tiempo del que pensaba que lo podría hacer. Voy a la cocina, cojo una manzana y salgo de casa con cuidado de no dar un portazo. La manzana me la como por el camino porque no me da tiempo de tomar un desayuno más variado.
Al llegar al instituto todavía no ha tocado el timbre que indica el comienzo de las clases, pero aún así, me doy prisa por entrar en clase. Justo cuando me introduzco en clase, escucho una voz cercana a mí que dice “¡Sonríe!” y noto cómo un flash me deslumbra a escasos centímetros de mi cara.
Al abrir los ojos aprecio que ha sido Eric, que me acaba de fotografiar con su cámara. Él mira la pantalla de ésta y suelta tal carcajada que hace que me ruborice. Se la enseña a sus amigos y estos lo imitan, así que, decido intervenir.
–¿Se puede saber que haces? –grito.
–No te preocupes encanto, que no sales tan mal –dice con una sonrisa burlona.
–¡Cretino! –tras decir esto último él sigue sonriendo con cara de alelado pero toda la gente aquí presente, que es mucha, empieza a abuchear.
El profesor entra en clase y todos nos sentamos haciendo mucho ruido. Él comienza a explicar nada más llegar, pero hasta diez minutos más tarde, no consigue que estemos totalmente en silencio. La hora se acaba.
–Por fin, pensé que nunca se terminaría –digo mientras Caitlin y yo nos giramos para poder hablar con Michelle y Liss, que están situadas justo detrás de nosotras–. ¿Qué tenemos ahora?
–Ahora tenemos… –contesta Michelle mientras mira el horario en su agenda– Inglés.
–¡Genial! –exclama Liss.
–Claro, tu quieres tener inglés porque te gusta y lo entiendes, pero a mi… –suelta Caitlin desilusionándose por momentos.
Llega la profesora, suelta su carpeta en la mesa y dice:
–Chicos, tengo que comunicaros algo que probablemente no os guste –resopla– vais a tener que hacer un trabajo por parejas, ya que con los resultados que tenéis no es suficiente para poner la nota de vuestra evaluación.
Todos nos quedamos indignados y la delegada se queja, pero es en vano. Tendremos que hacer el maldito trabajo.
–Este trabajo lo vais a hacer, como ya he dicho antes, por parejas. Sé que otras veces os he dejado que vosotros elijáis a vuestro compañero, pero esta vez no será así, las he elegido yo –dice mientras se dirige a la mesa y abre su carpeta–. Los grupos son los siguientes: Diana Shilton y… –titubea– Eric Lambert.
No, con él, no. Me da igual que me pongan con cualquier persona, pero en este momento, con él, no. Seguramente estará todo el rato riéndose de mí, aunque ahora que lo pienso, me da igual.
Dirijo mi mirada en su dirección y me percato de que él me está mirando mientras sonríe. Cuando se da cuenta de que yo también lo observo, hace una especie de mueca como de mandarme un beso. Aprecio cómo mis mejillas se van poniendo coloradas. Él también lo nota. Sonríe.
La profesora termina de decir todas las parejas para los grupos.
–Ahora, sentaos por parejas con el compañero que os he dicho– sigue hablando–. Yo voy a ir por el carro de los ordenadores portátiles.
Caitlin se va con su compañera, otra chica de la clase, y Eric se sienta a mi lado. Empieza a observarme fijamente, pero yo lo ignoro. Cuando llega la profesora, Eric va a por un portátil para los dos. Lo enciende y pregunta:
–¿Qué hacemos?
–Eso –digo mientras tuerzo mi cabeza en torno a la pizarra. Está apuntado lo que tenemos que hacer paso por paso.
Eric intenta hacer lo que puede, pero no es suficiente. El inglés no es lo suyo.
Cojo el ordenador y comienzo a buscar la información requerida. Encuentro lo que busco y cuando acabo de empezar a redactar, suena el timbre. La profesora se lleva los ordenadores y Caitlin se sienta a mi lado.
Más tarde, en el descanso, nos sentamos las cuatro en un banco del patio de recreo. Ellas conversan sobre los trabajos de inglés y yo me limito a escuchar. Liss me pregunta por cómo llevamos nosotros la redacción y en ese momento pasan los amigos de Eric por nuestro lado y se sientan en el banco situado cerca del nuestro.
–El nuestro apenas tiene una línea –hago una breve pausa para mirar de reojo a Eric–. Supongo que tendremos que quedar para hacerlo juntos.
–¿Habéis quedado? –pregunta Michelle.
–No, aún no –prosigo.
–Pues ahora tienes la oportunidad perfecta.
Les hago caso y mis pies me conducen hasta él. Cuando me percato de ello estoy delante de Eric.
–Tengo que hablar contigo –consigo pronunciar.
–¡Habla! –me dice sin ni siquiera levantarse–. Mis amigos pueden escuchar lo que me tengas que decir, a no ser que… quieras pedirme que salga contigo –todos ríen en escandalosas carcajadas.
–¡No! –grito– Solo era para quedar contigo para hacer el trabajo de inglés.
–¡Ah! Es eso… –dice algo desanimado.
–¿Te parece bien a la hora de la salida en la entrada principal?
–Sí –responde sin dejar de observarme fijamente.
Me marcho sin tan siquiera despedirme.
El resto de la mañana transcurre sin ningún otro contratiempo. Cuando suena el timbre de salida, yo me quedo en el sitio acordado con Eric. Transcurridos algunos minutos llega. Nos dirigimos a la biblioteca del centro y elegimos una mesa cercana a un ventanal, para ver el paisaje que se divisa tras este. Pasadas dos horas de “intenso” trabajo, la redacción está prácticamente terminada, aunque todavía falta el toque final.
–¿Por qué no vamos un rato al jardín? –pregunta Eric mirando al exterior– Hace un día perfecto para estar al aire libre.
–Pero… tenemos que terminar esto –digo señalando nuestra composición.
–Lo podemos terminar luego –comienza a sonreír–. Solo estaremos un rato.
Intenta convencerme con todas sus ganas y, al final, lo consigue. Hace un día demasiado perfecto como para desaprovecharlo.
Salimos al jardín y nos sentamos a la sombra de un árbol. Eric se sitúa cerca de mí.
–¿Sabes? Me quedaría así para toda la vida –dice Eric sin dejar de mirar el precioso manto celeste que cubre el cielo.
–¿A sí? Pues yo estaría mejor sin ti –digo mientras me percato de que Eric ha dejado de mirar al cielo para mirarme a mí.
–En ese caso… me voy –relata mientras se levanta y da unos pasos en dirección contraria al árbol en el que estábamos.
–¡Espera! –me levanto apresuradamente–. Por favor, no te vayas –él se gira– No me dejes sola otra vez, como aquella noche en la puerta de mi casa –añado con la cabeza gacha.
Eric se aproxima hacia mí hasta que su cara está a escasos centímetros de la mía.
–No te preocupes, no me voy a ir –se acerca aún más a mí y me abraza de tal manera que sus labios rozan mi oreja–. Mientras yo esté aquí, nunca más estarás sola.